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¿Porqué la contingencia nos produce ansiedad?

¿Porqué la contingencia nos produce ansiedad?

Igual que en aquella escena en la que Forrest Gump, tras haber corrido sin descanso tres años, dos meses, catorce días y dieciséis horas, frena intempestivamente y cuestiona su existencia, hoy, así nos ocurre a muchos de los casi 7,700 millones de habitantes en el mundo.
 
La carrera, de pronto ¡ya no existe! El cumplimiento del deber, también, de pronto, ¡no existe!, se difuminó en una alerta mundial, el deber, lo ensombreció la corona de la catrina.
La contingencia generada por la COVID_19, nos obliga a quedarnos “quietos”, “encerrados” y por primera vez a trabajar y relacionarnos de una manera distinta, “virtual”, en algunos casos. No tenemos que cumplir con horarios de estudio ni de trabajo, ya no hay porque competir; y en muchos casos, esta “tregua” con el deber impuesto, con las obligaciones, nos genera mucha ansiedad y hasta nos roba el sueño, este confinamiento nos frena abruptamente y nos obliga a pensar (en el mejor de los casos, y digo en “el mejor de los casos”, porque pudo ser peor, para algunos, suele ser el suicidio), en el destino de nuestros pasos. “Hoy ya no me impulsa el deber”, “hoy me doy cuenta que mis pasos, pudieran no tener sentido”, y como un acto reflejo nace en mi un conflicto muy profundo, y la recurrencia de un pensamiento: “sé que debo hacer algo… pero no sé qué es, ni cómo”?, lo que genera inconformidad, inicialmente conmigo, y posteriormente con mi pareja, con mis compañeros, con mis familiares, con mis vecinos, y hasta con la vida, SOY VÍCTIMA DE MI ANSIEDAD.!, y lo peor, no sé por qué?.
El confinamiento es una excelente excusa para desatar los más terribles demonios que hemos llevado atados durante toda nuestra vida, es el caldo de cultivo de un malestar infructuoso que nos enfermará cada día más sino somos lo suficientemente maduros, sino corregimos oportunamente, correremos el riesgo de provocar lo que nunca hemos querido y siempre hemos temido: “el fracaso”.
 
Desde la Psicología Positiva, se entiende que el ser humano, estamos formados desde la infancia, en los hábitos, tanto buenos como malos, de los cuales, los primeros, son aquellos que se nos inculcaron y enseñaron por ser necesarios para la “vida recta”, cumplirlos cabalmente, permitirá fortalecer nuestra reputación, nuestro compromiso ante la sociedad, comprende también al logro de objetivos individuales y que, en cierto grado y a largo plazo, conducen al éxito; ¡quieres ser exitoso: cumple con tu deber!. Bien, pues esta condición que de por vida hemos tenido impuesta por generaciones, y tatuada en nuestra información cromosómica, hoy, por primera ocasión en nuestras vidas, NO nos es impuesta, esa cadena de obligaciones a la cual nos hemos sujetado consciente o inconscientemente, ese reloj ceñido a nuestra mano, así como las incomodas zapatillas o la corbata, que nos da el permiso para participar en un mundo socialmente competente y marca nuestros pasos de lunes a viernes a las 8:00 am a 6:00 pm., hoy no existe.! Nuestros hábitos, han cambiado, hoy sin el deber por cumplir, dormimos hasta altas horas de la madrugada, desayunamos a la hora del almuerzo, no nos bañamos diario como lo frecuentábamos hacer, vivimos cómodamente en ropa interior estando en casa, las mujeres no tiñen su cabello y no presumen de sus coordinados, nos damos al “relajo”, hay una holgura, y que en algunos casos solo es una máscara, por ocultar la realidad, hay cosas que no queremos ver o disimular. El “quédate en casa”, el aislamiento de la vida social, o el confinamiento solos, o con nuestros familiares, nos obliga al no siempre, tan feliz encuentro con nosotros mismos, y que, en muchas ocasiones viene acompañado de la ansiedad, alimentando pensamientos irracionales y negativos que refuerzan la idea de no saber que nos depara el día de mañana, o no tener un “quehacer”, puesto que no hay certidumbre, ni fecha de plazo.  La ansiedad, se disfraza de indiferencia, o de eventos de depresión, se evidencian mis propias carencias para poder estar en paz conmigo mismo, y también mis habilidades para convivir con mi esposo, pareja, o familia, causa latente de la ansiedad. Algo que, muy probablemente, siempre haya existido esta tendencia, pero hoy, se devela con bombo y platillo, a todas luces y en todo el mundo, razón para afirmar que esta crisis de la enfermedad Covid_19, dejará, más personas ansiosas y depresivos que muertos por la infección.
 
Si retomamos la idea de los hábitos, ahí mismo está la respuesta: “reprogramémonos con nuevos hábitos, hábitos que mantengan una higiene mental, que nos hagan sentir en paz, que nos dé gusto terminar el día haciendo eso que siempre quisimos hacer si tuviéramos el tiempo”, como por ejemplo aprender a pintar un óleo, aprender a tocar un instrumento, terminar de leer los libros que dejamos inconclusos, limpiar y depurar nuestros armarios, aceitar la bicicleta oxidada, saludar a viejos amigos o familiares que hace tiempo no tenemos noticias de ellos, y muchas actividades productivas que sin duda nos mantendrán en un muy buen estado anímico, proactivos y con el sistema inmunológico mucho más fortalecido. ¡Bueno pues… yo empiezo…!, estoy escribiendo sin ninguna premura y sé que al menos por hoy, podré dormir aún más satisfecho, fortalecido e inmune, y con la satisfacción del deber cumplido conmigo mismo y mi consciencia.!
 

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Psic. Manuel González

Atención Psicologíca Online – UNAM

(+52) 9983 307 144

manuel.gonzalez@bluerunner.run

Psicología Deportiva

 

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